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Biberones de plástico …..seguros ??

Miércoles, 11 de Marzo de 2009


A pesar del empeño de la FDA, agencia reguladora de los medicamentos y alimentos en Estados Unidos, en asegurar que el bisfenol A es un componente seguro, las compañías fabricantes de biberones dejarán de fabricar sus productos con este elemento común en la fabricación de todo tipo de plásticos.

Playtex Products Inc., Gerber, Evenflo Co., Avent America Inc., Dr. Brown y Disney First Years han acordado prescindir del bisfenol A (BPA), la molécula clave en la producción de plástico policarbonatado, que por su cualidad de ‘irrompible’ se usa en una gran variedad de productos como botellas de agua, instrumental médico, cepillos de dientes, equipamiento deportivo, CDs y los citados biberones.

La decisión de los fabricantes llega tras la petición elevada el pasado mes de octubre por el Fiscal General de Connecticut Richard Blumenthal, a la que se adhirieron los fiscales generales de Nueva Jersey y Delaware, para que estas compañías renunciaran voluntariamente al uso de BPA en los biberones, según recoge el diario ‘The Washington Post’.

“Eliminar el bisfenol A de los biberones es un importante primer paso”, ha declarado el senador de Los Ángeles Fran Pavley. “Espero que los fabricantes de envases de leche en polvo para niños sigan el ejemplo y se den cuenta de los peligros de este químico para los cuerpos en desarrollo de los niños, que están ingiriendo una dosis diaria al filtrarse en su comida y bebida”.

“Las pruebas son demasiado claras, tajantes e inequívocas como para permitir que esta cosa llegue a los niños de forma masiva”, ha explicado Blumenthal, quien ha anunciado que perseguirá la “prohibición completa” del BPA en todos aquellos productos destinados a niños menores de res años.

Un elemento defendido por la FDA
El bisfenol A actúa en el organismo imitando la acción del estrógeno y podría, según advierten numerosos expertos, alterar el equilibrio hormonal del cuerpo provocando diferentes enfermedades. Varias investigaciones han constatado la presencia de problemas en las personas más expuestas a este químico.

En septiembre de 2008 la revista médica ‘JAMA‘ hizo público un estudio que advertía que la exposición al BPA de la población general superaba los límites establecidos como seguros y que esta ‘contaminación’ podría estar provocando diabetes tipo 2 y alteraciones hepáticas. Otras investigaciones hablan daño neurológico, pubertad precoz, enfermedad cardiaca y cáncer.

A pesar de la preocupación manifiesta de distintos especialistas, que ha llevado incluso a que Canadá prohibiera su uso en biberones, la FDA ha certificado en numerosas ocasiones la seguridad de este compuesto yendo incluso en contra de las recomendaciones emitidas por sus comités de expertos, basándose en informes realizados por la propia industria y en el convencimiento de que las dosis a las que está expuesta la población no superan los límites de seguridad.

El Consejo Químico de Estados Unidos, que engloba a las compañías que utilizan el BPA en sus productos, ha suscrito la postura de la FDA.

Sin embargo, los Institutos Nacionales de Salud de EEUU, en concreto el Programa Nacional de Toxicología, reconoció el pasado de año que existía “cierta preocupación” acerca de la posible acción de BPA sobre el cerebro y el desarrollo conductual de fetos, bebés y niños pequeños.

La EFSA, Autoridad Europea en Seguridad Alimentaria, determinó a finales del pasado mes de octubre que las conclusiones del trabajo publicado en ‘JAMA’ “no son prueba suficiente de que exista un vínculo causal entre la exposición al BPA y los problemas de salud mencionados” (enfermedad cardiaca y hepática y diabetes), ignorando otros estudios y opiniones científicas y certificó que “por lo tanto, la EFSA considera que no hay necesidad de revisar el límite de ingestión diaria”.

Fuente :El Mundo

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El Iphone para controlar el corazón

Lunes, 9 de Marzo de 2009


NUEVA YORK.- Para algunas personas, el iPhone siempre será un emblema del nuevo mundo: un dispositivo increíblemente elegante que permite hacer una llamada, escuchar una canción, aprender un idioma y encontrar el camino a casa. Ahora, el pequeño aparato multifunción también puede usarse para escuchar el corazón, dado que una nueva tecnología convierte a este teléfono en un monitor y un sistema de evaluación del bienestar cardíaco.

“Queríamos hacer del control del bienestar físico una experiencia grata, divertida, simple y personal”, dijo Michael C. Williams, fundador y presidente ejecutivo de iTMP Technology Inc., que desarrolló el sistema de monitoreo. Williams explicó que lograron el desarrollo a partir de la tecnología del iPhone.

Una forma de monitorear la intensidad de la actividad física es el ritmo cardíaco. Durante una actividad moderada, las pulsaciones deberían estar entre un 50% y un 70% del ritmo cardíaco máximo de una persona, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC por su sigla en inglés).

El SMHeart Link, llamado “puente inalámbrico”, recoge datos a través de sensores, al igual que los que tienen las cintas y bicicletas fijas, y envía la información al iPhone para su visualización y monitoreo.

“Hay docenas de aplicaciones relacionadas con la aptitud física en el iPhone pero ninguna de ellas, hasta ahora, empleaba monitores del ritmo cardíaco u otros sensores”, dijo Williams, desde las instalaciones de su compañía en Santa Barbara, California.

El iPhone ahora puede funcionar como un monitor cardíaco y una computadora de bicicleta, controlar y almacenar el entrenamiento e incluso enviar datos a sitios médicos en internet. “En cuestión de segundos, uno puede calibrar su aptitud física”, dijo Williams.

Eso sí, no es barato. Las aplicaciones son gratuitas, pero el costo del módulo es de 155 dólares. También está el previo de las evaluaciones, los sensores y el iPhone en sí.

Fuente : LetsGoMobile

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Nanopartículas fluorescentes para localizar y combatir el cáncer

Lunes, 9 de Marzo de 2009

video
Una de las grandes promesas de la nanotecnología es que los fármacos del futuro se puedan administrar de forma controlada sobre la zona deseada. Pero antes de que llegue ese momento los investigadores deben desarrollar materiales fluorescentes –para poder hacer un seguimiento de su localización– capaces de transportar una carga de medicamento, de liberarla en el lugar adecuado y, además, que no deje residuos peligrosos o tóxicos en el cuerpo del paciente. Diversos equipos científicos ya habían logrado nanomateriales que cumpliesen alguna de las primeras condiciones. Pero, hasta ahora, ninguno de ellos era biodegradable y en algunos casos, sus componentes eran, directamente, tóxicos.

Un grupo de investigadores de la Universidad de California en San Diego (EEUU) ha logrado inyectar en ratones partículas porosas y fluorescentes de silicio, ocho veces más pequeñas que un milímetro, que permiten la localización de tumores y el transporte de medicamentos contra el cáncer sin causar daños de ningún tipo.

“Esta es la primera nanopartícula fluorescente diseñada especialmente para minimizar sus efectos secundarios tóxicos”, afirma el profesor de química Michael Sailor responsable del estudio, publicado en la revista ‘Nature Materials’.

El descubrimiento realizado por el equipo de Sailor permite localizar e identificar la zona afectada por el cáncer, transportar el medicamento hasta allí y, además, se degrada y no deja rastro de su presencia después de un tiempo. “La principal aportación de este estudio es que permite encontrar zonas tumorales por pequeñas que sean y las localiza con mucha exactitud”, asegura Javier Tamayo, investigador del CSIC en el Instituto de Microelectrónica de Madrid. “Un buen símil sería imaginar a este material como un imán para buscar algo metálico en una montaña de basura”, aclara.

Para lograr su objetivo, los científicos equiparon el nuevo material con un preciso armamento: una molécula capaz de identificar las células tumorales y de unirse a ellas y otra que se activa antes de ser inyectada y fluorece al ser observada con luz infrarroja. De esta forma, se puede saber dónde se encuentra el área afectada por el cáncer y el tamaño exacto que tiene el tumor. Además, se puede realizar un seguimiento del nanomaterial introducido desde el primer momento hasta su completa degradación.

Una ‘guía’ para el medicamento
Gracias a esta técnica, los investigadores pudieron ver los tumores de los ratones iluminados durante varias horas. Los niveles cayeron de forma apreciable en una semana y habían desaparecido a las cuatro semanas, según el estudio.

El objetivo es guiar al medicamento directamente hacia el tumor, y no a otras partes del cuerpo, lo que permite unas dosis menores de drogas contra el cáncer que a menudo tienen efectos secundarios, dice Sailor. Pero lo que más le interesaba a los investigadores cuando comenzaron con este trabajo era demostrar que el material es capaz de transportar el fármaco y que al hacerlo tampoco se descompone en productos tóxicos o peligrosos para el organismo.

Sailor y sus colaboradores ensayaron este aspecto al inyectar el nuevo material con un antitumoral llamado Doxorubicina en ratones a los que se les había inducido algún tipo de cáncer. El experimento en organismos vivos tuvo éxito y el nanomaterial cumplió con lo esperado por los investigadores. El medicamento se liberó lentamente alcanzando niveles de medicamento aceptables a las ocho horas y los productos que generó el nuevo material al degradarse, tras liberar el fármaco, pudieron ser eliminados sin problemas por el sistema renal. Según aseguró Michael J. Sailor a Efe, su equipo espera que se puedan iniciar ensayos clínicos en humanos de aquí a dos años.

Las nuevas nanopartículas fluorescentes pueden detectar tumores demasiado pequeños para ser vistos por otros métodos y permiten a los cirujanos asegurarse de que un tumor ha sido completamente eliminado. “Hay tres campos de investigación médica principales con nanopartículas: la detención temprana, la imagen del tumor y la terapéutica. Esta investigación afina mucho la imagen, que podría sustituir al TAC (Tomografía axial computerizada), e indica el camino a seguir para los fines terapéuticos”, dice Javier Tamayo.

Fuente :Nature Materials

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Dos antibióticos comunes, útiles contra la tuberculosis resistente

Viernes, 6 de Marzo de 2009

Estructura de la enzima beta-lactamasa de 'M. tuberculosis  

 
 

Estructura de la enzima beta-lactamasa de ‘M. tuberculosis’. (Foto: Science)

 

MADRID.- De momento sólo han demostrado su eficacia en el laboratorio pero, de confirmarse en ensayos en humanos, estos resultados supondrían un importante avance en la lucha contra una enfermedad que provoca millones de muertes al año. El ácido clavulánico y el meropenem, dos antibióticos presentes en los botiquines de muchas casas, acabaron tanto con cepas comunes de bacterias de la tuberculosis como con otras extremadamente resistentes a los tratamientos convencionales.

La comunidad científica se ha lamentado con frecuencia de la falta de nuevos fármacos para la lucha contra el bacilo de la tuberculosis (sólo hay algunos en investigación). Esta bacteria –’M. tuberculosis’, descubierta por el médico alemán Robert Koch en 1882- suele ser sensible a antibióticos como la isoniacida, la rifampicina o el etambutol y tras un tratamiento de seis meses sucumbe a estos agentes y muere. Sin embargo, algunos de estos microorganismos han evolucionado y se han vuelto inmunes. Son las llamadas cepas multirresistentes (MDR), que no responden a uno o dos medicamentos, y las extremadamente resistentes (XDR), insensibles a todos ellos.

En la actualidad, cerca del 5% de los nueve millones de casos de tuberculosis que hay en el mundo corresponden a cepas XDR, presentes en unos 50 países, cuya mortalidad alcanza el 90% en algunos casos. La esperanza de estos pacientes se fragua en los laboratorios de la Facultad de Medicina Albert Einstein de Nueva York. Allí, un equipo de investigadores ha estado trabajando con dos familias de antibióticos de sobra conocidos: los betalactámicos y los inhibidores de las beta-lactamasas.

Los primeros, a los que pertenecen la penicilina y sus derivados, suelen ser los fármacos de elección para un amplio espectro de infecciones, aunque nunca han sido útiles contra la ‘M. tuberculosis’. La razón se descubrió al secuenciar el genoma de esta bacteria. Su enzima beta-lactamasa (una clase A de espectro extendido) le confiere resistencia frente a estos antibióticos. No solo eso, además, apenas es sensible a sus inhibidores.

Minucioso estudio de la beta-lactamasa

Pero el equipo dirigido por John Blanchard, profesor de bioquímica de la citada facultad y autor principal del estudio, no cejó en su empeño de dar con una nueva forma de combatir esta bacteria. Tras varios experimentos con numerosos antibióticos, y después de un exhaustivo estudio de la beta-lactamasa, se percataron de dos cosas: el meropenem (un betalactámico) tardaba más tiempo que los demás en ser destruido por la enzima y el ácido clavulánico (un inhibidor de la lactamasa) era capaz de bloquear su actividad.

Así que decidieron probar una combinación de ambos (un inhibidor enzimático más un ?-lactámico), una asociación muy común en medicina para tratar infecciones que, sin embargo, casi no se ha empleado contra ‘M. tuberculosis’. Empezaron por añadir una dosis doble de la mezcla a unos cultivos de laboratorio de cepas normales y vieron como las colonias desaparecían entre nueve y 12 días después.

Entonces probaron con un modelo que imita las infecciones persistentes, que suponen un problema común en el tratamiento de la tuberculosis. También funcionó. Por último, tomaron muestras de 13 pacientes con la forma XDR de la enfermedad y el ácido clavulánico y el meropenem acabaron con ellas con la misma eficacia que si se tratara de una cepa común.

Dos ensayos clínicos a la vista

“Este es un gran ejemplo de cómo en un ambiente de colaboración, la vieja y pasada de moda ciencia basada en una hipótesis puede tener consecuencias clínicas”, ha declarado Blanchard. “Este descubrimiento puede ser uno de los más prometedores dentro del campo de la tuberculosis desde el hallazgo de la isoniazida [primer fármaco eficaz contra la tuberculosis]. Es muy excitante”, añade en una nota de prensa William Jacobs, profesor de microbiología e inmunología de la facultad Albert Einstein.

Dados los buenos resultados, se han puesto en marcha los planes para llevar a cabo dos ensayos clínicos con pacientes. El primero, dirigido por uno de los autores del trabajo, daría comienzo a finales de este año en Corea del Sur e involucraría a 100 pacientes. El otro, que también tendría lugar en 2009, contaría con menos participantes y se haría en Sudáfrica, uno de los países más afectados por las cepas resistentes.

Tanto el ácido clavulánico como el meropenem están aprobados por la FDA y la EMEA, las autoridades competentes en materia de fármacos en Estados Unidos y Europa. Además, “ambos están lo suficientemente libres de efectos secundarios como para que su uso pediátrico en niños mayores de tres meses reciba el visto bueno”, concluye el trabajo publicado en el último número de ‘Science‘.

Fuente :El pais

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Neuronas a partir de las células de la piel de enfermos de Parkinson

Viernes, 6 de Marzo de 2009

Detalle de la generación de las neuronas. (Foto: Cell Stem Cell)

MADRID.- Avances en tiempo récord. Así es como se podría definir lo que numerosos grupos de científicos están consiguiendo en torno a la investigación con células madre embrionarias o a sus ‘gemelas’ las iPS, células similares obtenidas mediante reprogramación. El último trabajo que publica la revista ‘Cell’ demuestra que es posible transformar las células de la piel de pacientes con Parkinson en neuronas productoras de dopamina, es decir, las mismas que en esos pacientes están dañadas, y sin rastro de virus gracias a la técnica empleada.

En la enfermedad de Parkinson las neuronas responsables de la fabricación de dopamina van desapareciendo. Esta sustancia es la que ayuda a transmitir las señales nerviosas dentro del cerebro. Sin ella, ese sistema de señalización se queda fuera de control y el paciente deja de dirigir sus movimientos.

El estudio que publica ‘Cell’ muestra que es posible ‘fabricar’ esas neuronas dopaminérgicas. No obstante, no se trata de una solución al Parkinson. El producto obtenido no es un tratamiento, pero sí un paso más para que los científicos puedan tener a mano en sus laboratorios células de los propios pacientes para simular lo que pasa en el interior del cuerpo humano y poder así desentrañar la enfermedad. Además, podrían probar numerosos fármacos en experimentación para observar directamente cómo actúan en esas células.

“El desarrollo de sistemas ‘in vitro’ [en el laboratorio], que replican los fenotipos de la enfermedad [las características de esa patología] mediante cultivos celulares representa uno de los principales desafíos en la actualidad”, explica a elmundo.es Frank Soldner, investigador del Whitehead Institute de Cambridge (EEUU) y uno de los coautores del estudio.

Reprogramación sin virus

Soldner, junto a otros investigadores del Massachusetts Institute Technology (EEUU), tomaron células de la piel de cinco pacientes con Parkinson (cuya edad oscilaba entre los 53 y los 83 años) y de dos personas sin esta enfermedad. Les añadieron mediante lentivirus los cuatro genes para su reprogramación y otro más, el productor de una enzima, la recombinasa Cre. Este último gen actúa como una carpeta cuya tapa delantera está justo antes del primer gen reprogramador; y la tapa trasera justo después del último.

Una vez que las células de la piel fueron reprogramadas en iPS (células similares a las embrionarias), los investigadores introdujeron la enzima recombinasa Cre, que es capaz de reconocer dicha ‘carpeta’ (y por supuesto su contenido) y eliminarla. El producto final es un conjunto de células iPS sin rastro de virus ni oncogenes [genes que propician el desarrollo de tumores] pero con capacidad pluripotente, es decir, que se pueden convertir en cualquier célula adulta, incluidas neuronas dopaminérgicas, como así lo demostraron en este estudio.

El trabajo constata que los genes reprogramadores no son necesarios en todo el proceso, sólo al comienzo, para ‘llevar’ a la célula adulta (de la piel, por ejemplo) a un estadio inicial y por tanto pluripotente. Además, los investigadores han comprobado que estas iPS ‘libres de carga’ tienen una expresión genética similar (son más parecidas) a las células madre embrionarias humanas que las iPS ‘fabricadas’ mediante virus y genes reprogramadores.

“Nuestro modelo es la primera prueba de que se pueden reprogramar células adultas humanas y eliminar esos factores de reprogramación en las células iPS por completo [...]. Nuestros datos también implican que la eliminación de esos transgenes después de la reprogramación no es sólo importante por cuestiones clínicas [para poder aplicarlas en pacientes] sino también porque hemos visto que esos factores perturban las propiedades básicas de las células. Una de las principales ventajas de las células iPS libres de transgenes es su alta eficiencia y simplicidad”, concluye Frank Soldner.

Este científico señala que el siguiente paso será recrear en el laboratorio condiciones similares a las que sufren los enfermos de Parkinson a lo largo de 50 o más años. “Se trata de acelerar el proceso utilizando factores exógenos como estrés oxidativo, neurotoxinas, genes que están sobreexpresados en estos pacientes”.

Esta investigación se suma y mejora otras dos recientemente publicadas en ‘Nature’ en las que se aplicaba otro sistema para eliminar virus y genes. Esos dos estudios mostraron la eficacia del método denominado ‘piggyBac’ (una secuencia extra de ADN) en células de ratones y en fibroblastos humanos embrionarios. Sin embargo, el procedimiento que publica ‘Cell’ demuestra su eficacia con células adultas de la piel de enfermos de Parkinson, algo más cercano a la realidad de los pacientes.

“Los tres artículos presentan formas imaginativas de generar iPS de forma teóricamente más segura. Esto demuestra lo rápido que se está moviendo el campo y que los avances se están consiguiendo en un tiempo récord”, señala Juan Carlos Izpisúa, investigador del Laboratorio de Expresión Genética del Instituto Salk, en La Jolla (California, EEUU) y director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona.

Para el científico español, “los siguientes pasos serán desarrollar protocolos que demuestren su seguridad a largo plazo, controlar la capacidad tumorogénica intrínseca de estas células (aunque se generen mediante métodos seguros las células iPS o las células madre embrionarias se caracterizan por ser capaces de producir tumores) y encontrar protocolos de diferenciación eficaces y específicos”.

Fuente :El Mundo

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Obama pone en marcha la mayor reforma sanitaria en EE UU

Viernes, 6 de Marzo de 2009

ObamaBarack Obama puso ayer en marcha la más gigantesca reforma que cualquier presidente de Estados Unidos pueda plantearse, la creación de un sistema de salud al alcance de todos los ciudadanos. Lo hizo desde un enfoque diferente, no como una necesidad de carácter social, que lo es de forma escandalosa, sino como una urgencia de carácter económico, como un paso esencial para equilibrar las cuentas del Estado. Y se puso un plazo exigente para conseguirlo: este mismo año.

Miles de personas venden sus casas para poder pagar gastos médicos
“La reforma de nuestro sistema de salud ya no es un imperativo moral, es un imperativo fiscal. Si queremos crear empleos y reconstruir nuestra economía, tenemos que atajar el desorbitado coste de la atención sanitaria este año, en esta Administración”, declaró Obama en una conferencia de amplio espectro que trataba de representar todos los intereses que tendrán que armonizarse para que esta reforma salga adelante: hospitales, compañías de seguros, médicos, pacientes y congresistas de ambos partidos.

Unas 3.000 reuniones de ese tipo se han celebrado ya a pequeña escala en distintos lugares del país en el último mes. Otras conferencias similares, convocadas por los gobernadores, tendrán lugar a partir de ahora al mismo tiempo que el Congreso discute la legislación adecuada, tratando de hacer de esta reforma lo que verdaderamente es, un enorme esfuerzo nacional, similar al que puede representar una guerra o una catástrofe natural.

Después de la pena de muerte, la ineficacia de su sistema sanitario es el principal contraste entre EE UU y el mundo civilizado del que forma parte. Unos 46 millones de personas no tienen cobertura sanitaria, y muchos millones más pagan cantidades desproporcionadas por una atención escasa, de mala calidad y que desaparece en cuanto la enfermedad se alarga. Decenas de miles de personas se ven cotidianamente obligadas a vender sus casas o a reducir drásticamente su calidad de vida para pagar sus gastos médicos, o renuncian a ser atendidos si no es un caso de urgencia.

Sólo los pobres y los ancianos están mínimamente protegidos por el Estado dentro de dos programas sanitarios (Medicaid y Medicare) que malamente sirven para poco más que afrontar los casos de extrema necesidad. Esos dos programas son conducidos, no obstante, por compañías privadas que pasan al Gobierno sumas abusivas por servicios raquíticos. Como consecuencia, pese a las limitaciones del sistema, EE UU gasta al año 2,4 billones de dólares (1,9 billones de euros) en salud. Es la mayor sangría del presupuesto público.

Hace casi un siglo que el presidente Teddy Roosevelt planteó por primera vez la necesidad de crear un nuevo sistema de salud. Nunca se ha conseguido. El último y más famoso esfuerzo fue el de Bill y Hillary Clinton en 1993, que murió en el Congreso antes de que pudiera redactarse incluso un borrador de ley. Las circunstancias han cambiado mucho desde entonces. El país es más solidario. Un 48% decía el miércoles en una encuesta de NBC-The Wall Street Journal que estaba dispuesto a pagar más impuestos para conseguir la cobertura sanitaria universal. Pero, sobre todo, la crisis económica anima a actuar con más audacia en terrenos, como el de la salud, que antes no eran tan acuciantes para la clase política.

“Todo el mundo está de acuerdo”, decía ayer Obama, “en que la mayor amenaza para la salud fiscal de EE UU es el estratosférico coste de nuestro sistema de salud”. Obama ha entendido que uno de los errores cometidos por la reforma de Clinton fue la de diseñarla de arriba hacia abajo sin contar previamente con los interesados y los políticos.

Ahora todo el mundo parece, efectivamente, estar de acuerdo en hacer algo. Mitch McConnell, el líder de los republicanos en el Senado, se manifestó ayer listo para empezar a trabajar. Charles Kahn, presidente de la Asociación de Hospitales y uno de los principales críticos de la reforma de Clinton, acudió ayer a la Casa Blanca y aseguró: “Esta vez es diferente, esta vez todos quieren que esto funcione”.

Las diferencias surgirán cuando se tenga que decidir cómo va a funcionar. Los republicanos han advertido que no van a aceptar un sistema público. La industria tampoco lo quiere. Obama, aunque ha apartado en sus Presupuestos para el próximo año 624.000 millones de dólares para costear parte de esta reforma, tampoco quiere seguir por completo el modelo europeo, sino una combinación de responsabilidades estatales y del sector privado.

Fuente : El País

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La OMS designa a España país «demostración» para reducir las infecciones en las UCI

Viernes, 6 de Marzo de 2009

 

Un ahorro de entre 400 y 600 vidas anuales. Es el cálculo realizado por los responsables del programa que se acaba de poner en marcha en más de 100 unidades de cuidados intensivos (UCI) españolas con el fin de reducir virtualmente a cero las infecciones que contraen los pacientes que precisan un catéter venoso para recibir medicación y fluidos debido a su frágil estado de salud. Por cada mil días que uno de estos dispositivos permanece enganchado se producen entre cinco y ocho infecciones. Y la mayoría de los enfermos que ingresan en una unidad de intensivos requerirá en algún momento este tipo de soporte para seguir viviendo.Cateter

Para muchos, estas infecciones eran inevitables y representaban el precio a pagar por los esfuerzos de los profesionales médicos para salvar la vida del paciente. Hasta que un médico estadounidense, Peter Pronovost, intensivista del Hospital Johns Hopkins, en Baltimore, demostró lo contrario. «Tenemos los descubrimientos más asombrosos: hemos secuenciado el genoma humano, estamos colocando corazones artificiales, prácticamente curamos las leucemias infantiles… pero cometemos una enorme cantidad de errores», acostumbra a advertir este experto internacional en seguridad del paciente a los asistentes a sus cursos de formación. Pero también les exhorta a corregirlos.

Pronovost es el artífice de un sencillo método que ha conseguido ‘borrar’ las infecciones por catéter en los hospitales del estado de Michigan y ha evitado más de 1.500 muertes en año y medio. El secreto de su éxito no es un nuevo antibiótico ni un avance genético, sino algo tan simple como aplicar la receta que se utiliza en aviación para garantizar un despegue seguro: comprobar que todo se hace como se debe.

El médico y la enfermera no son infalibles, aunque muchos crean que lo son. Y su mayor error es, precisamente, dar por hecho que siempre hacen las cosas bien. «La razón fundamental por la que la aviación es segura es que admitieron que se iban a cansar, que iban a pulsar el botón equivocado y todavía lo siguen haciendo, pero lo detectan a tiempo», le gusta ejemplificar a Pronovost ante su audiencia. Y siguiendo con el símil recuerda que, a partir de 1971, las mejoras de seguridad en los vuelos no tuvieron que ver con el diseño de mejores motores que empezaron a fallar con menos frecuencia, sino con la manera en que pilotos y copilotos colaboraban en la cabina.

Las investigaciones tras algunos accidentes sonados que arrojaron elevados saldos mortales demostraron que los incidentes se debían, en ocasiones, a errores de comunicación. Al meterlos juntos en simuladores se observó que los pilotos nunca oían a los copilotos. Existía una estructura tan jerárquica que lo que estos últimos tuvieran que decir no tenía ningún valor. Algo similar ocurre en los hospitales. «Siempre hay alguien que se da cuenta de que algo se está haciendo mal, pero no es fácil, por ejemplo para una enfermera, decírselo a un médico», reconoce Mercedes Palomar, jefe de sección del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Vall d’ Hebron de Barcelona.

 

VERIFICAR

 

¿Cómo defenderse de este comportamiento? El sector aeronáutico, considerado el mayor ejemplo de seguridad, puso a sus copilotos a chequear que no se produjeran errores en el trabajo de cabina. En el hospital Johns Hopkins se decidió aplicar el mismo concepto. Se introdujo una lista de verificación para asegurarse de que los médicos no dejaban de hacer todas las cosas que son importantes y, si alguna salía mal, en lugar de dejarlas como estaban, se aprendía del error y se aplicaban medidas correctoras.

Pronovost probó su método en la unidad de intensivos y se centró en la inserción de catéteres venosos centrales, una intervención que supone la tercera causa de infección nosocomial (adquirida en el hospital), tras las debidas a la ventilación mecánica y las sondas urinarias, en este tipo de servicios. Los buenos resultados obtenidos hicieron que la comunidad médica empezara a escucharle. En 2003, su sistema se implementó en 103 UCI de 77 hospitales de Michigan. Después de 18 meses, la tasa de infección se redujo del 4% a 0 (un descenso del 66%), se evitaron alrededor de 1.500 muertes y se ahorraron 200 millones de dólares (159 millones de euros).

La sencillez de la intervención, publicada en 2006 en ‘The New England Journal of Medicine’, resulta chocante. El experto estadounidense se limitó a reducir las recomendaciones para una práctica segura incluidas en un documento de 64 páginas de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos a cinco medidas. Así, el médico que inserta un catéter debe cumplir escrupulosamente los siguientes pasos:

 

 

Lavarse las manos adecuadamente.

 

 

Desinfectar la piel del paciente en la zona de inserción con un antiséptico a base de clorhexidina (agente que ha demostrado prevenir el riesgo de infección de manera superior al popular betadine).

 

 

Cubrir al paciente con paños estériles, como si estuviera en el quirófano.

 

 

Vestirse con bata, gorro, mascarilla estéril y guantes. El personal auxiliar con gorro, mascarilla y guantes.

 

 

Evitar insertar catéteres en algunas vías que presentan más riesgo de infección, como la femoral (arteria del muslo) o la yugular (vena del cuello). Y, tras colocarlos, cubrirlos con un apósito estéril.

Para alguien ajeno al entorno sanitario, estos preceptos resultan sorprendentes. Lo mismo le ocurre al profesional sanitario cuando le proponen seguirlos. «En teoría todos sabemos lo que tenemos que hacer, pero no siempre se hace. Las prácticas correctas se relajan en medicina igual que en otros aspectos de la vida», subraya Palomar.

Esta especialista es la coordinadora del proyecto ‘Bacteriemia Zero’, el programa estatal de reducción de bacteriemias (infecciones) relacionadas con catéteres al que ya se han adscrito más de un centenar de UCIs españolas, que representan el 40% de todas las del país. «Esperamos que lleguen a sumarse el 90%», confía Palomar.

El proyecto, que tendrá una duración de año y medio y evaluará sus resultados trimestralmente, sigue los pasos del desarrollado por Pronovost en Estados Unidos. Está liderado por la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (Semicyuc) e impulsado por la Agencia de Calidad del Ministerio de Sanidad y Consumo, en colaboración con las CCAA y la Alianza Mundial para la Seguridad del Paciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS). No en vano, este organismo ha designado a España como país ‘demostración’ para diseminarlo en otras naciones si sus conclusiones son favorables.

No son los únicos, el pasado 1 de febrero las UCI de 30 estados de Estados Unidos se sumaron a la iniciativa, que se pondrá también en marcha en Reino Unido el próximo abril. Chile y Perú tienen previsto desarrollar programas piloto.

España ya ha hecho sus deberes y lleva la delantera. Desde 1994, la Semicyuc cuenta con un programa, el ENVIN, de vigilancia de las infecciones relacionadas con uno de los dispositivos ‘invasores’ que más vidas salva: los catéteres. Estos se emplean para administrar medicación y fluidos, pero también para monitorizar el estado del paciente crítico y obtener muestras de sangre para analizar. La contrapartida es que su inserción implica romper la barrera natural de protección del organismo frente a los patógenos y representa una vía de entrada fácil tanto para los que se encuentran en la piel del paciente como en el personal sanitario (ver gráfico). Al tratarse de enfermos especialmente frágiles, las consecuencias pueden ser nefastas.

Casi la mitad de las UCI nacionales utiliza el sistema ENVIN para conocer sus tasas de infección y evaluar si se encuentran dentro de las cifras recomendadas. Aunque el porcentaje de procesos nosocomiales ha ido disminuyendo, se percibía cierto estancamiento. Fue el motivo que impulsó a la Semicyuc a probar el modelo Pronovost ennueve UCI de otros tantos hospitales de Andalucía, Castilla y León y Cataluña.

La experiencia piloto se limitó a tres meses (de octubre a diciembre de 2007), pero fue suficiente para comprobar que la medida era factible y que las infecciones se podían evitar. «El riesgo cero no existe, pero sí se puede reducir mucho», asevera Palomar. Las previsiones del Ministerio de Sanidad son disminuir en, al menos, un 40% la actual tasa de infecciones por catéter venoso con el programa ‘Bacteriemia Zero.’ Este proyecto figura entre las prioridades de este departamento para el presente ejercicio y el próximo’.’

La tarea es aparentemente sencilla. Seguir las recomendaciones (que en España han aumentado a seis, al añadir un recordatorio para vigilar diariamente la higiene del catéter) implica dedicar apenas cinco minutos más a la tarea de colocar este dispositivo, pero, como subrayan los expertos consultados, lo más complicado es modificar los hábitos. «Si eso ya lo hago», es la respuesta más habitual de los sanitarios al sugerirles aplicar la lista de verificación. No siempre es así, bien por la presión asistencial, la urgencia, un descuido… En la experiencia piloto hubo correcciones en un 9% de los procedimientos.

La jerarquización de las estructuras hospitalarias es otro ‘handicap’. Durante el ensayo en tres CCAA se confirmaron los temores sobre la resistencia que iban a ofrecer los profesionales al hecho de que las enfermeras fueran las encargadas de verificar si todo se estaba haciendo bien. Ellas mismas mostraron inicialmente reticencias a apercibir al galeno de que, por ejemplo, no se había lavado las manos y a parar el procedimiento hasta que cumpliera el trámite higiénico.

«No se trata de observar si el médico lo hace mal, sino de garantizar la seguridad del paciente», señala Celia Díaz, supervisora de enfermería de la UCI del Hospital General Yagüe de Burgos.

En este centro, el programa ha resultado ser un éxito rotundo y los problemas de adaptación se solventaron mejor de lo previsto. Un año después de participar en el piloto, el sistema sigue en marcha y en los últimos cuatro meses las UCI han logrado el hito de que las bacteriemias hayan pasado a ser ¡cero! De hecho, el riesgo de infección de un paciente que ingrese hoy en ese hospital es un 50% inferior al de hace 12 meses. Mª Jesús López Pueyo, médico adjunto del Servicio de Medicina Intensiva de este centro, reconoce que las medidas «han resultado más eficaces de lo que creíamos. Pensábamos que hacíamos todo bien, pero debíamos pasar algo por alto».

La clave del ‘milagro’ es el trabajo coordinado y una buena comunicación entre los distintos profesionales sanitarios. Como le gusta afirmar a Pronovost, la asistencia sanitaria es un deporte en equipo y lo importante es escuchar.

 


Peter Pronovost: el valor de lo sencillo
Este anestesiólogo de rostro juvenil y sonrisa franca fue designado por la revista ‘Time’ como una de las 100 personalidades más influyentes del mundo en 2008 en la categoría de científicos y pensadores. Peter Pronovost, de 43 años, comparte protagonismo en el catálogo de celebridades de la prestigiosa revista estadounidense con líderes como el Dalai Lama; estadistas como Vladimir Putin y Barack Obama; actores como Brad Pitt y Angelina Jolie; científicos como Craig Venter, uno de los ‘padres’ del genoma humano o visionarios como Steve Jobs, líder de la tecnológica Apple. Lo llamativo es que el mérito de Pronovost es el de la simplicidad. La sencilla lista de verificación de cinco puntos desarrollada por él está consiguiendo salvar más vidas que cualquier hallazgo científico realizado en un laboratorio en los últimos años. El rendimiento que puede dar su propuesta está aún por ver. Su intención es trasladar esta forma de trabajo, con el foco apuntando a mejorar la seguridad del paciente, a otras áreas hospitalarias. Las infecciones contraídas a través de un catéter (sonda) urinario podrían ser el siguiente campo de batalla, aunque Pronovost sostiene que su método no sólo es aplicable a la prevención de procesos infecciosos, sino también a la mejora de la seguridad de la cirugía y la anestesia, el tratamiento de pacientes con enfermedad cardiaca, diabetes, asma y otras dolencias donde la investigación científica ha dejado claro qué se debe hacer, pero en la práctica no siempre se hace.

Sistemas para capturar errores y corregirlos
Se estima que entre un 10% y un 17% de los enfermos hospitalizados sufren las consecuencias negativas de errores en la asistencia sanitaria. En España, el estudio ENEAS sitúa en un 9% la tasa de personas ingresadas que sufre algún efecto adverso. El problema es que ninguna tecnología ha conseguido evitar que un cirujano pueda dejar una esponja olvidada en el interior de un paciente. En 2004, la OMS lanzó la Alianza Mundial por la Seguridad del Paciente, con el objetivo de mejorar la detección de las debilidades del sistema sanitario que pueden conducir a errores, identificarlos y aprender de ellos. El programa ‘Bacteriemia Zero’ se inscribe en este contexto. De hecho, como explica Mercedes Palomar, el proyecto tiene como objetivo secundario a la reducción de las infecciones por catéter, favorecer que «la cultura de la seguridad cale entre los profesionales» y fomentar el trabajo colaborativo. En el estudio piloto se pidió a los sanitarios de nueve UCI españolas que puntuaran la seguridad de sus centros: le concedieron una nota de siete. A pesar del notable, más del 60% admitió que en su unidad no se discuten los errores y se buscan soluciones. Una cifra similar consideró que faltaba cooperación, así como que sus superiores no valoran sus sugerencias.

 Fuente :El Mundo

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